El abrigo hecho canción

El sábado 13 de agosto, a medianoche, en el clásico contexto del Ciclo Cantautores de Café Vinilo, compartieron escenario dos amorosos del género cantautor. Pol Nada, llegó desde Rosario con su mochila de obras, para comenzar el concierto que continuaría Ezequiel Borra con las cosas de su mundo.

Texto: Barb Pistoia
Fotos: Carla Sanguineti

Las piezas que forman, encajan perfecto. Sí, créanme lectores cómplices de las Habladurías, esta resulta ser una dupla solista ideal para la vida de nuestra música. Estos dos flaquitos son minimalistas de la composición, como una conjunción matemática de lo mínimo y lo animal; por qué sí, permítanme redefinir el “minimalista” y dibujemos que son mínimos en la intensa búsqueda del detalle – que aproxima la sonoridad exacta a la esencia más libre de las sensibilidades – y pintémoslo con sus animales interpretaciones colmadas de miradas salvajes.

Tanto uno como otro pueden lograr grandes mundos melódicos aun estando a solas con su voz y la guitarra; y desde ahí descifrar los crucigramas interiores – y exteriores – decorándolos con humor, ironías y perspectivas de las más sensibles. Las palabras que ambos coleccionan en sus letras, no solo que no son maltratadas sino que cobran la vida bien curtida que cualquiera de nuestros pies embarrados tiene. Por eso son fotografías empitucadas de libre expresión, y una radiografía de lo que hoy sucede espontáneamente cuando se agarra un instrumento, se abre la poesía  y se interviene por asalto consentido cualquier momento en las ciudades de los intensos corazones.

Hacer canciones de amor, sin hablar de amor; hacer canciones personales, sin caer en los lugares comunes y sexistas; hacer canciones divertidas, sin que sean livianas… y varios etcéteras mas, por que así podemos continuar en el círculo maravilloso en el que se desenvuelven Borra y Pol Nada, duplicándose al verlos uno tras otro en vivo, y multiplicando la concepción de una escena con identidad propia en constante construcción, pero que benditamente crece con la fuerza natural de expandir los refugios.

Dijimos que arrancó el rosarino. Pol Nada nos presentó sus tan bien vestidos covers de los Redondos, que en esta vuelta los trajo en un CD literalmente artesanal digno de encuadrar – y compartió además un repaso por el disco “Queres estar solo”, que desde su cajita feliz ya marca el ritmo de la magia, la inocencia, el juego, y lo profundo de los universos que trae entre sus manos. Y eso es lo que hace con sus voces, porque resulta que el pibe tímido y menudito cuando libera su garganta no deja tono por visitar, así es que la ternura con la que sufre o declara vivencias, lo ubican en la mente del oyente como un niño de pantaloncitos cortos con un tren para encender o, justamente como el pulmón de la locomotora donde todo lo que toca llega hasta donde ni el mapa lo imagina. Parafraseándolo, Pol Nada nos salva del hardcore y nos suelta al vértigo de transformar los accidentes en caminatas frescas, donde el poder que vale es el de la vida real, con todo lo que eso implica.

Por otro lado, Ezequiel Borra nos volvió a refregar en la cara su genialismo. Mientras está en la cuenta regresiva a entrar a grabar su próximo disco, el quía este año se puso la viola al hombro y se la fue bancando por diferentes escenarios solito solo. Y la verdad, que bien le sienta!!! Es showman, y lo que ha ido creciendo en este plan sin banda, lo muestra con tal confianza que jugar a conciencia, no le resta espontaneidad sino cintura para sumar aplausos: hace humor, actúa, tiene un “noseque” de nene pícaro que lo convierte en un súper héroe de la interpretación domando al poeta mambeado. Entonces joda a joda, risa a risa y con melodías preciosa, Borra en sus letras te canta las cuarenta… ya sean mas pop o mas folk, ya sean mas rock o reversionando, todo tiene su aura y lleva hasta el extremo el sentido existencial del simplemente “déjalo ser”. Lo cierto es que aprovecho este concierto para darle el gusto al público que le entro a pedir sin reparo temas de todas sus galeras, y remató el concierto con un falta, envido, truco flamante que todavía no decidió si entra o no en el disco a parir. Pero lo sabemos, Borra es así: tiene tantas canciones, como mundos para hacerlas corresponder.

Lo mejor de todo amigos lectores, es que cuando terminen de leer esto, deben saber que su colorín colorado no ha terminado, y mas bien viene galopando a lo caballo salvaje, ganando tierra al grito de… la pucha que vale la pena estar “encancionado”!!!

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Ezequiel Borra/audio

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